Vuelvo a escribir. Por tu culpa. Vuelvo a este escribir terapéutico que no cura sino amalgama y empalidece mi autoestima. Vuelvo a tener quince años y sentirme un incomprendido que quiere hacer realidad lo que habita en mi cabeza, y lo veo tan claro que no sé cómo se hace.
Como encima de una islita en medio de la calle, una porción de tierra rodeada de gente por todas sus fronteras. Gente que fluye sabiendo adonde va, como llegar y porqué circula. Gente que no interactúa demasiado, y menos conmigo. Qué problema tan grande vendrá si el cambio climático elevara el nivel de las gentes y mi isla quedara bajo manto humano, indiferente, fluido.
Tú, mientras tanto, a veces, pasas a mi lado, y atracas tu barca en las playas de mi isla. Tomas tierra, saludas, estás. La sensación, más bien, es que recalas en mis playas por efecto de la corriente o, alternativamente, atraída por los fuegos artificiales que ocasionalmente ocurren allí. Entonces, tenemos –el único habitante del habitáculo, cuyo único soporte físico es el suelo, soy yo- que ayudarte a salir de la balsa, y repostamos el motor del vehículo, porque tú piensas que el motor elonga el combustible sin fin, o, alternativamente, piensas que el devenir de acontecimientos es sabio, como dirigido por un santo que sólo desea el bien nuestro.
Avistando barco a pocas millas, haces uso de tus propios fuegos y bengalas y vistes tu embarcación para la procesión de los marineros y adoptas aires de fiesta, con un barco que ni siquiera es seguro que vayas a volver a ver. Te excita lo nuevo. Te gusta lo usado pero no lo limpias ni adecentas. Ya sólo tiene valor sentimental.
Entonces creo ver cómo vendrás, detrás de mí,
Envuelta en una música.
Volando en una brisa de trompetas, flotando sobre el mar en mi cabeza.
Cantando, bailando y gritando que jamás me dejarás.
El mar, detrás de ti, escribe en una página cursiva de una prosa de madera, sin rima.
Envuelta en una música especial.
¿Dónde están los días y ese azul?
El recuerdo de tu azul, pálido y triste, como hambriento.
Sólo puede ser la casualidad, que nos va a alcanzar y a matar.
Las sombras de tu corazón buscaré y fingiré que he sido yo hasta verte la cara.
Ese azul no va a volver.
Y es que el azul del mar nos puede atrapar.
Podemos vernos condenados a no querer nada más que la búsqueda de ese azul y ese olor que son mi infancia.
Y buscarme y buscarme y creerme que me encuentro.
Y darme cuenta de que el cristal se rompe al tocarlo y que las figuras de sal tienen su espacio, de paz, y no merecen ser molestadas, porque estropearán nuestra comida.
El azul de mi mar, cuando era pequeño, me ha condenado.
A pesar de que crecí lejos del mar, lo añoro. Pero yo soy un enfermo nostálgico patológico y pesimista.
Busco mi azul, mi mar y mi cielo de niño: el candor del pecho y el “colo”: lo veo en ti: te lo pido: pero a ti te molesta que yo te lo pida y además no me lo ofreces. Así que el azul también puede ser de lluvia, pero entonces quiero estar sólo y confabular conmigo mismo hasta comprender el mundo. En ese momento no te necesito porque mi espíritu es tuyo, pero camino por delante, marcando el camino en el que creo. Y a un gesto tuyo todo tiembla y corren peligro los cimientos de mi construcción mental-vital, como si argumentos dependieran de su emisor y no de ellos mismos.
Ofrécete más a mí y muéstrame tu azul, que es el mío. No me hace falta más.
agradecimientos: i.f.
martes, noviembre 21, 2006
jueves, noviembre 09, 2006
futuro nebuloso
como si de nada le hubieran servido los bofetones del tiempo y la gente, J siguió, años y años, dirigiendo su vida hacia su proyecto utópico. hubo ocasiones en que llegó notar las luces al fondo, augurio de un resultado próximo. pero siempre volvía a la oscuridad. una y otra vez. su estrella no abandonaba el cielo, y él hablaba con ella todas las noches: le prometía felicidad, algún día. él supo esperar. más tiempo del exigible. esperó, un poco más. cada vez se hundió más. la palabra felicidad estuvo presente en la parte anterior de su cavidad craneal, bien pegada a la pared interior, entre cráneo y cerebro, sin atreverse a atravesar la masa gris y proyectarse por sus retinas, como en un cine... y demostrar a todos que fue feliz.
miércoles, noviembre 01, 2006
miscelánea de iván y muro
Eres espectáculo cuando tienes un, y tú ni siquiera,
muro en frente, lo llegas a, construido por ti, notar.
Las lágrimas sólo tu puedes del cocodrilo te hacen que desaparezcas.
Ciegan y absorben.
No esperes a y tu ni que nadie llegue ni siquiera a derribarlo porque lo
llegas a notar. Ese alguien nunca te apoderas de va a llegar mi mente y
todos a tu y mi espacio alrededor desaparecerán,
y tú, cocodrilo, te alejarás y, me alimentas, nunca conseguirás, con mi propia, carne y rencor, que un día deseaste tanto.
me das lo que merezco.
muro en frente, lo llegas a, construido por ti, notar.
Las lágrimas sólo tu puedes del cocodrilo te hacen que desaparezcas.
Ciegan y absorben.
No esperes a y tu ni que nadie llegue ni siquiera a derribarlo porque lo
llegas a notar. Ese alguien nunca te apoderas de va a llegar mi mente y
todos a tu y mi espacio alrededor desaparecerán,
y tú, cocodrilo, te alejarás y, me alimentas, nunca conseguirás, con mi propia, carne y rencor, que un día deseaste tanto.
me das lo que merezco.
lágrimas de cocodrilo

las lágrimas del cocodrilo,
que se autoconsume y va desaparaciendo,
¡qué paradoja!
la del que sufre y disfruta al tiempo
con su autoconsumo.
el cocodrilo se propone un giro sobre sí mismo
afilar los dientes
y caer sobre presas más importantes que él mismo.
y dejar de llorar por la autofustigación destructiva.
viernes, octubre 13, 2006
conflicto especular
(Del latín specŭlum).
1. Tabla de cristal azogado por la parte posterior, y también de acero u otro material bruñido, para que se reflejen en él los objetos que tenga delante. 2. Cosa que da imagen de algo. 4. Arq. Adorno aovado que se entalla en las molduras huecas y suele llevar floroncillos. 5. obsidiana.
espejo no es nada sin ojo. espejo es absurdo en sí mismo. el reflejador requiere público, animal o humano, emisor de haz visual de ida y vuelta, si hay espejo. sin él no hay vuelta, sin ojo no hay espejo. para qué sirve. respuesta, para nada. qué refleja mirror. respuesta: depende del acreedor de imágenes. tanto depende, que sin él, no hay reflejo, y el dispositivo pierde su esencia, que es su función, y demuestra el egoísmo del hombre, pieza indispensable en el sentido de sus hallazgos.
agradecimientos a r.a.e.
miércoles, octubre 11, 2006
Javi y las lembrazas de su sobrino
"> " border="0" alt="" /> No he podido resistirme ante este ejercicio de mímica
Para más información dirigirse a www.javimorenete.blogspot.com
martes, octubre 03, 2006
Hace dos años era lunes
Prometimos que no cambiaríamos jamás. Las promesas que no puedes comprender Con lo que esta cayendo y no tengo paraguas que obtuve a cambio de intentar hacerlo bien si solo es para mi, quiero mi parte de lo bueno quiero que, no será peor, seguro que es mejor, llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras Si de pronto no te queda donde ir Sé tú mismo, repetimos una y otra vez. Puedes empezar buscarme a mi, el que decide que me he perdido en corrientes circulares en el tiempo Pero para ser yo mismo como tengo que ser. A veces pienso en lo estúpido que fui, las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí. Y aunque juré que nunca más voy a darme una fiesta por mi cumpleaños toda esta mierda se acabó Voy a dejarlo de verdad, ya no me gusta nada. Y a ordenar por fin la casa, Ahora pienso en lo estúpido que fui, las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí. Por las mañanas pongo siempre el mismo disco y, aunque todo lo que dice es la verdad, peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son. Iba a hacerlo esta mañana. estar en el centro si no es mucho pedir Tengo que usar las manos o puedo usar los pies. son las cosas que has tenido que dejar. Si lo hago, ¿quién me va a entender? Te voy a perdonar, el que controla el firmamento Si te quedas esta noche Empezar con otra vida. Pensé que sería lo mejor, A veces pienso en lo estúpido que fui, las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí. Y después pensé: ¡mejor que no! y viajar en su interior Una vez, si mal no recuerdo me tenias en la punta de los dedos no está mal, y llegar a las estrellas Bicho aquí, Puedo hacer lo que quiera, puedo hacer una esfera entre fuga a la rata esto, pegada a las palabras pegadate reclamo. Prometo que voy a cambiar , se entalcan, se perfuman, qué pobre amante, incapaz Ahora lo que odio y lo que somos casi es igual. quiero tenerte dando vueltas a mi lado todo el tiempo en nueve orbitas concentricas y yo nada mas Ya es la noche, vení,Y después de hacer todo lo que hacen, hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura. No será peor de lo que era no será peor, seguro que es mejor No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me muerda los pies no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo. levantan, se bañanAlejandra, mi bicho, vení a estas líneas, a este papel de arroz dale abad a la zorra, a este fieltro que aquí contra este balance histérico, y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja.y para vos, la fiesta Acepto este destino de camisas planchadas, Iba a hacerlo esta mañana, levantarme de la cama, comprar algo de comida y ordenar por fin mi vida.
Cut up, por Los Planetas y Cortázar. Feliz cumpleaños total.
Cut up, por Los Planetas y Cortázar. Feliz cumpleaños total.
lunes, octubre 02, 2006
miércoles, septiembre 27, 2006
Una supernova plantea un problema cosmológico
jueves, septiembre 21, 2006
domingo, septiembre 17, 2006
el camino...esquema-paradigma

"... la verdad no tiene un camino único, ni siquiera es inexcrutable.
la verdad es de cada persona. primer problema: la verdad no es objetiva, lo que no implica su inexistencia sino, más bien, que existe muchas veces. la verdad no es ella misma, es las verdades.
la comprensión de este esquema-paradigma puede constituir el punto de partida de la intelectualidad: comprender la inexistencia de la verdad absoluta. por eso, honestamente, he de admitir que este mismo esquema-paradigma podría no ser cierto, ni conducir a la verdad misma. pero sí puede ayudar a encontrarla.
la verdad podría ser un espacio cuya esencia sea el argumento. la validez de las proposiciones no descansa sobre ellas mismas sino sobre su justificación, que pueden adoptar múltiples expresiones, cuando son coherentes. la coherencia genera la aceptabilidad de proposiciones.
por este motivo, creo en mi abandono paulatino de la intelectualidad. el amor conduce a su abandono. no es argumentable, ni dudable ni, por tanto, discutible. un amor carece de coherencia. es como tener la verdad cogida de una pata. y esto no puede ser posible, creo. y sin embargo, quiero buscar la verdad..."
verdadero sorel
jueves, septiembre 14, 2006
Aquel hombre de la chaqueta turquesa se fue sin decirnos su nombre
lunes, septiembre 11, 2006
viernes, septiembre 01, 2006
sábado, agosto 26, 2006
Deliciosas sobremesas y lecturas no académicas en época de exámenes académicos
Se va la tarde,No tengas prisa,Hoy te quedas a fumar.
Se va la gente,Los últimos que quedan por el bulevar.
Y a falta de luces, buenos son tus ojos.A buena hora la deuda de tenerte.
Y cuando faltas yo te busco como loco en el mercado.Y casi siempre te confundo en el carmín de las tenderas.Siempre tan cerca del delirio y el pecado,Sin moverme casi nunca de tu vera.
Se va la noche,No tengas prisa,Quédate a desayunar.
Si nos echamos de menosTe llevo de puntillas a cualquier portal.
Y así es como empiezo a soñarte en mi casa,Vestida de domingo en zapatillas y pijama.
Y cuando faltas yo te busco sin saber dónde encontrarte.No conozco ni pretendo conocerte los secretos.Siempre tan cerca del capricho de esperarte,Sin dejarnos de la mano casi nunca en este viaje.
Y cuando faltas yo te busco como loco en el mercado.Y casi siempre te confundo en el carmín de las tenderas.Siempre tan cerca del delirio y el pecado,Sin moverme casi nunca de tu vera.
Paco Cifuentes.
"Estudié Derecho en la Hispalense (no acabé, me distraje). Deliciosas sobremesas en la facultad y lecturas (no académicas) en época de exámenes."
Se va la gente,Los últimos que quedan por el bulevar.
Y a falta de luces, buenos son tus ojos.A buena hora la deuda de tenerte.
Y cuando faltas yo te busco como loco en el mercado.Y casi siempre te confundo en el carmín de las tenderas.Siempre tan cerca del delirio y el pecado,Sin moverme casi nunca de tu vera.
Se va la noche,No tengas prisa,Quédate a desayunar.
Si nos echamos de menosTe llevo de puntillas a cualquier portal.
Y así es como empiezo a soñarte en mi casa,Vestida de domingo en zapatillas y pijama.
Y cuando faltas yo te busco sin saber dónde encontrarte.No conozco ni pretendo conocerte los secretos.Siempre tan cerca del capricho de esperarte,Sin dejarnos de la mano casi nunca en este viaje.
Y cuando faltas yo te busco como loco en el mercado.Y casi siempre te confundo en el carmín de las tenderas.Siempre tan cerca del delirio y el pecado,Sin moverme casi nunca de tu vera.
Paco Cifuentes.
"Estudié Derecho en la Hispalense (no acabé, me distraje). Deliciosas sobremesas en la facultad y lecturas (no académicas) en época de exámenes."
jueves, agosto 24, 2006
La Isla

" Y a la tercera repetición del coro, empujó las barras del cabrestante al frente de ellos con gran brío. Más aun en aquel momento de excitación, ese canto lúgubre me trasladaba con la imaginación, en un segundo, a mi vieja posada del Almirante Benbow, en la cual oía de nuevo la voz de aquel capitán sobresaliendo sobre el coro entero. Pero muy pronto el ancla estaba ya fuera y se la dejaba colgar, escurriendo junto a la proa. Pronto se izaron también las velas, que comenzaron a hincharse suavemente con la brisa, y las costas y los buques empezaron a desfilar ante mis ojos de uno y otro lado, de tal manera que, antes de que hubiera ido a buscar en el sueño una hora de descanso, ya La Española había zarpado gentilmente, empezando su viaje hacia la isla del Tesoro. "
jueves, julio 27, 2006
domingo, julio 23, 2006
La música nos hace un poco más libres
- Mira, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento. Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo, ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre. ¿No me prestás tu mano en esta noche de fìn de año de lechuzas roncas? No puedes, por razones técnicas. Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo, el durazno sedoso de la palma y el dorso, ese país de azules árboles. Asì la tomo y la sostengo, como si de ello dependiera muchísimo del mundo, la sucesión de las cuatro estaciones, el canto de los gallos, el amor de los hombres.
- Cortázar.
La música nos hace un poco más libres. Abandonamos nuestra racionalidad, alcanzamos el otro lado de la frontera, aparcamos nuestras miserias y recuerdos. Nadie depende de ninguna mano, ni necesita puertas, ni mundos, ni certidumbres. Ni Cortázar.
- Cortázar.
La música nos hace un poco más libres. Abandonamos nuestra racionalidad, alcanzamos el otro lado de la frontera, aparcamos nuestras miserias y recuerdos. Nadie depende de ninguna mano, ni necesita puertas, ni mundos, ni certidumbres. Ni Cortázar.
martes, julio 11, 2006
De qué hablamos cuando hablamos de amor
Hoy recupero texto de otra entrada, pero las palabras tienen el color del mar. Y vuelvo a las misma palabras porque son como un pequeño susurro que me inspira mis sueños en la siesta de calor, y vuelvo a estas palabras de Raymond Carver porque,..., yo supongo que cuando se habla de amor, se habla de siesta, de Tour, de sombrilla en la playa, de cerveza en el chiringuito, de juegos y pelotas, helado, nudismos entre las dunas, música y sandalias, bikinis y besos.
Imagina una calita, yo te sirvo una clara. Es verano y luce el sol, es la costa catalana. Estamos tranquilos, como anestesiados. Después del gazpacho nos quedamos dormidos mirando el Tour de Francia en la típica etapa donde Lance gana imponiéndose al sprint con un segundo de ventaja en el último suspiro colgándose a sus hombros el maillot amarillo. De nuevo al chiringuito, un bañito, un helado de pistacho y un partido al futbolín. Lanzamos unos frisbis, jugamos a las cartas y acabamos cenando sardinas y ensalada. Bebemos, dorados. Hablamos, callados. La luna, la sal, tus labios mojados. Me entra la sed y pido una copa y España se queda en cuartos en la Eurocopa. Pero nos da igual, hoy ganaremos el Mundial,...
Imagina una calita, yo te sirvo una clara. Es verano y luce el sol, es la costa catalana. Estamos tranquilos, como anestesiados. Después del gazpacho nos quedamos dormidos mirando el Tour de Francia en la típica etapa donde Lance gana imponiéndose al sprint con un segundo de ventaja en el último suspiro colgándose a sus hombros el maillot amarillo. De nuevo al chiringuito, un bañito, un helado de pistacho y un partido al futbolín. Lanzamos unos frisbis, jugamos a las cartas y acabamos cenando sardinas y ensalada. Bebemos, dorados. Hablamos, callados. La luna, la sal, tus labios mojados. Me entra la sed y pido una copa y España se queda en cuartos en la Eurocopa. Pero nos da igual, hoy ganaremos el Mundial,...
lunes, julio 10, 2006
Cine de Verano
Cálidos besos estivales,
me encanta,
la frase con más plástica de los últimos tiempos
me encanta,
la frase con más plástica de los últimos tiempos
viernes, julio 07, 2006
Desayuno con Hemingway
Una vez desayunada, tras recuperar tiempo y sueño perdido, ordenando papeles, regresé a algunos libros, que me hicieron recordar aquella sobremesa en el cuarto de Luis comiendo cereales mientras escuchábamos música, y cuando miramos el reloj ya llegábamos tarde,..., pasamos por aquel parque.
Le jardin
Des milliers et des milliers d'années
Ne sauraient suffire
Pour dire
La petite seconde d'éternité
Où tu m'as embrassé
Où je t'ai embrassèe
Un matin dans la lumière de l'hiver
Au parc Montsouris à Paris
A Paris
Sur la terre
La terre qui est un astre.
jueves, julio 06, 2006
dicotomía?
ON 1 OFF
ON 1 OFF
ENCENDIDO 2 APAGADO
ENCENDIDO 2 APAGADO
START 3 FINISH
START 3 FINISH
SI 4 NO
SI 4 NO
A 5 B
A 5 B
sigo sin entender nada.
ON 1 OFF
ENCENDIDO 2 APAGADO
ENCENDIDO 2 APAGADO
START 3 FINISH
START 3 FINISH
SI 4 NO
SI 4 NO
A 5 B
A 5 B
sigo sin entender nada.
viernes, junio 30, 2006
Maga

Nadie entendió la tempestad, fuimos un gran salto. Nadie lo entendió. ¿Quién fue el último en sentiralgo nuevo bajo el sol? Ha dejado de lloverdentro de la foto. Nadie lo entendió. Un segundo para siemprecomo ahora lo que sientes. Juntos en algún momento
abrimos libros distintos ...
No tocaron esta canción.
martes, junio 27, 2006
Ella,Él
jueves, junio 22, 2006
Leíamos libros en los escalones de la plaza

Era febrero.
Me regalaron un libro.
Paroles de Jaques Prevert.
No he conseguido desprenderme de él.
Quel jour sommes-nous
Nous sommes tous les jours
Mon amie
Nous sommes toute la vie
Mon amour
Nous nous aimons et nous vivons
Nous vivons et nous nous aimons
Et nous ne savons pas ce que c'est que la vie
Et nous ne savons pas ce que c'est que le jour
Et nous ne savons pas ce que c'est que l'amour.
miércoles, junio 21, 2006
mk2Parnasse
Al final, está la playa.Je lui parle pas des filles de Jussieu. Elle parle pas trop de Depardieu. Oui on évite ces sujets-là.
Fanny Ardant et moi. Il y a un truc dans son regard. Qui me reproche de rentrer trop tard. Elle voudrait que je sois là tout le temps.
Evidemment Fanny Ardant.
Letra: Vincent Delerm.
Queremos a Wally
martes, junio 20, 2006
Encuentro entre el chico, la chica y el hombre
Cuando se acabó el disco, bailaron con el siguiente, y cuando se acabó éste el chico declaró:Estoy borracho.
Y la chica negó:No, no está borracho.
El hombre dio la vuelta al disco, y el chico repitió:Lo estoy.
Baila conmigo. Le pidió la chica al chico, y luego al hombre; y cuando el hombre se levantó, avanzó hacia él con los brazos abiertos.
Esa gente de allí. Están mirándonos. Observó la chica.
No pasa nada. Dijo el hombre. Es mi casa.
Que miren. Dijo la chica.
Eso es. La apoyó el hombre. Creían haberlo visto todo en esta casa. pero no habían visto esto, ¿eh?
Sintió el aliento de la chica en el cuello.
Espero que te guste la cama.La chica cerró los ojos; luego los abrió. Pegó la cara contra el hombro del hombre. Y atrajo su cuerpo hacia sí.Debes de estar desesperado o algo parecido. Le dijo. Raymond Carver.
lunes, junio 19, 2006
La antipoesía
miércoles, junio 14, 2006
Collage Collagè Collagé

monochrome flat, monochrome life, only abscence near me, nothing but silence around me. sometimes i search an event or something to remember, but i've really got nothing in mind. sometimes i open the windows and listen people walking in the down streets. there is a life out there. but don't be scared, i found a good job and i go to work every day on my old bicycle you loved. anyway, i can try anything it's the same circle that leads to nowhere and i'm tired now.
Letra: Yann Tiersen.
Renaissance

..,me pides un cuento y yo te lo cuento, más bien me lo invento. Te explico que un niño cruzó el universo montado en un burro con alas de plata buscando una estrella llamada Renata que bailaba salsa con un asteroide llamado Julián Rodríguez de Malta. Malvado, engreído, traidor y forajido. Conocido bandido en la vía láctea por vender estrellas independientes a multinacionales semiespaciales. Y te duermes…
Letra: Enero en la playa.
Sólo pienso en huir

¿Todavía tienes frío? Bueno, cierra los ojos un minuto que te llevo a un lugar. Imagina una calita, yo te sirvo una clara. Es verano y luce el sol, es la costa catalana. Estamos tranquilos, como anestesiados. Después del gazpacho nos quedamos dormidos mirando el Tour de Francia en la típica etapa donde Lance gana imponiéndose al sprint con un segundo de ventaja en el último suspiro colgándose a sus hombros el maillot amarillo. De nuevo al chiringuito, un bañito, un helado de pistacho y un partido al futbolín. Lanzamos unos frisbis, jugamos a las cartas y acabamos cenando sardinas y ensalada. Bebemos, dorados. Hablamos, callados. La luna, la sal, tus labios mojados. Me entra la sed y pido una copa y España se queda en cuartos en la Eurocopa. Pero nos da igual, hoy ganaremos el Mundial,...
Letra: Enero en la playa.
lunes, junio 12, 2006
viernes, junio 09, 2006
filósofos

yo mismo nunca supe responder bien a la pregunta. a pesar de haber sido yo mismo su introductor en nuestras tertulias. me parece que los demás esperaban una respuesta, que sólo yo sabría. los demás creyeron siempre que era un juego sucio de come-cocos intelectualoide demodé. así, en el aburrimiento que ofrecen las preguntas incontestables, alguién encontró el primer extremo de hilo del ovillo... y comenzó a tirar.
hoy, sigue tirando. por más de dos horas al día se dedica a ejercer su profesión... desenmarañador de ovillos, buscador de agujas de pajar, escritor de lo que nadie lee. filósofo, infeliz, inocente. piensa que el otro extremo del razonamiento está dentro de la madeja.
sorel en la mercería.
jueves, junio 08, 2006
Galaxias. Cosmonautas. Astronáutica
lunes, junio 05, 2006
.......... ......... ........ ....... ...... ..... .... ... .. .

ante el acoso de sus compañeros y las críticas constantes por manifestar su opinión, decidió irse. dice que no va a volver, aunque todo está por ver. la incertidumbre del sometimiento al olvido y ser ignorado tal vez podrá ser demasiado intenso para un alma en pena en vida, un perdedor nato... un delincuente de la soberbia. el terrorista del entusiasmo ha propuesto su marcha por la puerta grande... ¿qué piensan todos los demás? se está escapando el último conejo que había en la chistera de este mago, que es la vida, cuya función ha estado defraudando una vez detrás de otra a nuestro insignificante protagonista. ni si quiera él sabe si está convencido de nada de lo que hace. ya no tiene ánimo. nunca lo ha tenido. él cree que así se cura de todo mal. encerrarse en una cueva. allí no hay problemas. sin complicaciones, sin intromisiones. sin el olor a despedida que ha percibido en sociedad............................................................. .......................................... ...................... ..... . . . . . . . . . . . . adios.
domingo, mayo 28, 2006
en la alcoba.- tercera y última entrega
La seis de la mañana. No puedo seguir en esta cama infesta que deglute mi cuerpo sin compasión. Me consume cada noche y se lleva lo mejor de mí. Se lleva mi inspiración, casi siempre nocturna para entregarme, a cambio, un sentimiento matinal de suciedad y aislamiento del grupo. Soy vomitado por los muelles desagradables que no me dejan descansar en paz, como muerto, durante algunas horas. Ansiado placer: dormir de seguido.
Me incorporo, tratando de no hacer mucha fuerza contra el camastro para evitar la punzada metálica de los muelles. Aterrizo en el suelo, primero con los pies. No creo en esas estupideces del pie derecho o el izquierdo. Como todas las mañanas, lo primero, ritualmente, es analizar el estado de las cosas generado la noche anterior. Esta noche ha entrado rocío por el ventanuco y el viento ha tirado algunos papeles de la camilla. Como no tengo criados, el brasero no está preparado. Ni tampoco el desayuno. Ni las ropas limpias, planchadas y recién perfumadas con las que alguna vez he soñado.
El suelo está muy frío. Lo recuerdo frío, pero no así, tanto. Sí recuerdo que apagué la luz temprano. Sé que me vieron, que fui espiado desde el comienzo. Ayer fue viernes. Por la noche, fue viernes por la noche. A mí el vino me gusta tomarlo a solas, el vino y yo. Esta práctica tiene ciertos riesgos, cuyos efectos voy a obviar por evidentes. Sin embargo, ellos acostumbran a hacerlo todo en manadas. Por eso no descarto que los espías de ayer fueran las viejas que viven justo en frente. Qué pensarán de mí ni lo sé ni de momento me interesa. Yo estudio a Sartre y a Camus, primero muy amigos, luego enemigos y finalmente muertos. Pensar que no se hablaron durante años, qué desgracia...Ellos... Tan racionales. ¿Qué será entonces de mí? Me voy a poner a pensar. Mientras, que las viejas hagan lo que quieran. ¡Pobres! Seguro que llevan horas trabajando en algún taller clandestino de la ciudad y piensan en lo que comentarán durante la cena, a base de caldos acuosos y colas de pescado hervidas, de lo visto ayer. En realidad, no tendrán nada que decirse, todas vieron lo mismo. Exactamente lo mismo. ¡Pobres!
Me visto sin pensar y salgo de éste apartamento turbio. Ya en la calle, me doy cuenta de algunas cosas: se me ha olvidado desayunar, la camisa que llevo está húmeda, se quedó en el suelo bajo el ventanuco, no llevo el abrigo y, además, no he cogido las monedas. Ellos no me saludan al pasar a su lado por la acera, salvo el chico de los periódicos, que sigue fiándome el diario de cada mañana. Sabe que no va a cobrar, y yo sé que no le podría pagar. A cambio, no le falta el vino que me sobra tres veces por semana. Sabe que odio apurar el contenido de las botellas. Nunca hemos hablado salvo para el saludo automático y aséptico. Creo que me estima y que intuye la racionalidad que guía mi trayectoria, todavía no reconocida. Y es que algún día, cuando muera, me concederán algún galardón de esos a la europea, a cuya entrega hay que acudir de etiqueta. Todos iguales, absurdo. Nos dan un premio por lo diferente y extraordinario de nuestra obra y, sin embargo, la irracionalidad, objeto de mis más sangrientos combates, tan común, os lleva a ocultaros tras estandarizadas telas monocromáticas. ¿De qué tiene miedo también esta otra gente? Si se trata de miedo al ridículo, es ridículo y, si se trata de miedo a la diferenciación, es contradictorio.
Esta es mi rutina, doctor. Creo que no se me olvida nada importante. Créame, señor, no estoy loco. Yo solo he alcanzado, en años de estudio y pensamientos, más conclusiones y teorías que toda la pobre gente que sobrevive a esta ciudad infame.
Además le digo, doctor, que ése día, en que reciba el galardón, aunque ya muerto, me acordaré de todos ustedes. También de usted, doctor. Y lloraré porque, de acuerdo a lo que usted me dice, doctor, no habré sido tan diferente a los demás. Usted me dice que todas las personas se intuyen aisladas en el mundo: motas de polvo, sí, pero motas diferentes, con un propio plan de actuación que los demás deberían comprender y estimar. Usted miente doctor, ¿o es que usted no se da cuenta de que yo soy de verdad diferente a los demás seres que me rodean? Ellos son lo que ellos creen normal. Sin embargo, ¿qué son, doctor? No son sino pobres irracionales. Son pobres por irracionales. Doctor, ¡pobres! ¡Pobres! ¡Pobres! ¡Irracionales!
Me incorporo, tratando de no hacer mucha fuerza contra el camastro para evitar la punzada metálica de los muelles. Aterrizo en el suelo, primero con los pies. No creo en esas estupideces del pie derecho o el izquierdo. Como todas las mañanas, lo primero, ritualmente, es analizar el estado de las cosas generado la noche anterior. Esta noche ha entrado rocío por el ventanuco y el viento ha tirado algunos papeles de la camilla. Como no tengo criados, el brasero no está preparado. Ni tampoco el desayuno. Ni las ropas limpias, planchadas y recién perfumadas con las que alguna vez he soñado.
El suelo está muy frío. Lo recuerdo frío, pero no así, tanto. Sí recuerdo que apagué la luz temprano. Sé que me vieron, que fui espiado desde el comienzo. Ayer fue viernes. Por la noche, fue viernes por la noche. A mí el vino me gusta tomarlo a solas, el vino y yo. Esta práctica tiene ciertos riesgos, cuyos efectos voy a obviar por evidentes. Sin embargo, ellos acostumbran a hacerlo todo en manadas. Por eso no descarto que los espías de ayer fueran las viejas que viven justo en frente. Qué pensarán de mí ni lo sé ni de momento me interesa. Yo estudio a Sartre y a Camus, primero muy amigos, luego enemigos y finalmente muertos. Pensar que no se hablaron durante años, qué desgracia...Ellos... Tan racionales. ¿Qué será entonces de mí? Me voy a poner a pensar. Mientras, que las viejas hagan lo que quieran. ¡Pobres! Seguro que llevan horas trabajando en algún taller clandestino de la ciudad y piensan en lo que comentarán durante la cena, a base de caldos acuosos y colas de pescado hervidas, de lo visto ayer. En realidad, no tendrán nada que decirse, todas vieron lo mismo. Exactamente lo mismo. ¡Pobres!
Me visto sin pensar y salgo de éste apartamento turbio. Ya en la calle, me doy cuenta de algunas cosas: se me ha olvidado desayunar, la camisa que llevo está húmeda, se quedó en el suelo bajo el ventanuco, no llevo el abrigo y, además, no he cogido las monedas. Ellos no me saludan al pasar a su lado por la acera, salvo el chico de los periódicos, que sigue fiándome el diario de cada mañana. Sabe que no va a cobrar, y yo sé que no le podría pagar. A cambio, no le falta el vino que me sobra tres veces por semana. Sabe que odio apurar el contenido de las botellas. Nunca hemos hablado salvo para el saludo automático y aséptico. Creo que me estima y que intuye la racionalidad que guía mi trayectoria, todavía no reconocida. Y es que algún día, cuando muera, me concederán algún galardón de esos a la europea, a cuya entrega hay que acudir de etiqueta. Todos iguales, absurdo. Nos dan un premio por lo diferente y extraordinario de nuestra obra y, sin embargo, la irracionalidad, objeto de mis más sangrientos combates, tan común, os lleva a ocultaros tras estandarizadas telas monocromáticas. ¿De qué tiene miedo también esta otra gente? Si se trata de miedo al ridículo, es ridículo y, si se trata de miedo a la diferenciación, es contradictorio.
Esta es mi rutina, doctor. Creo que no se me olvida nada importante. Créame, señor, no estoy loco. Yo solo he alcanzado, en años de estudio y pensamientos, más conclusiones y teorías que toda la pobre gente que sobrevive a esta ciudad infame.
Además le digo, doctor, que ése día, en que reciba el galardón, aunque ya muerto, me acordaré de todos ustedes. También de usted, doctor. Y lloraré porque, de acuerdo a lo que usted me dice, doctor, no habré sido tan diferente a los demás. Usted me dice que todas las personas se intuyen aisladas en el mundo: motas de polvo, sí, pero motas diferentes, con un propio plan de actuación que los demás deberían comprender y estimar. Usted miente doctor, ¿o es que usted no se da cuenta de que yo soy de verdad diferente a los demás seres que me rodean? Ellos son lo que ellos creen normal. Sin embargo, ¿qué son, doctor? No son sino pobres irracionales. Son pobres por irracionales. Doctor, ¡pobres! ¡Pobres! ¡Pobres! ¡Irracionales!
en la alcoba.- segunda parte
Yo sé que se me ve desnudo a través de la ventana. Pero no tengo miedo de enseñar mis pudores. Creo que nadie debería mirar por las ventanas en busca de vida tras otras ventanas más tarde de la media noche. Intento ser lo que la gente convencional denomina un purista. Se trata de una tendencia hacia el comportamiento racional, lejano necesariamente de la realidad preocupada y sudorosa por la comida en el plato y el trabajo que sirve para conseguirla. Esta alteración de mi comportamiento normal comenzó de manera consciente, no como mi propia actitud ante las cosas y la perplejidad que me causaban, sino como una declaración de intenciones, ajena también a mí mismo. Todo fue pura forma. Yo quería ser un convencional purista en mi acción, consecuente y consciente de ella en todo momento; responsable de mis actos no como expresión de mi caridad religiosa, de la que siempre he dudado, o compromiso con la masa social, sino como efecto de la cómoda consecuencia de inocuidad de mis actos para conmigo y con lo racional y puramente correcto. Por esta razón, no me preocupa ser observado por los vecinos de las ventanas de enfrente a esas horas en que duermen los niños.
No miren ustedes por sus ventanas en busca de determinados objetos en determinadas circunstancias porque corren ustedes el riesgo de encontrar lo que buscan, y, entonces, hipócritamente ustedes denunciarán lo que han visto: ese espectáculo indecente y abominable de seres actuando de forma reprochablemente racional. Visiones y experiencias terribles.
Algún vecino se ha quejado alguna vez de la duración de la operación hacia mi desnudez; dicen que les molesta la luz. Tonterías de vieja, estoy convencido de que duermen como cochinos a pesar de la luz artificial desde la bombilla de cuarenta vatios que llena mi chambre, como decimos en Francia. No estoy dispuesto a ceder a sus pretensiones. Son ellos, y vosotros, que me rodeáis todos, sucios y aburridos, los que no deberíais intentar respirar la luz de mi bombilla. Nadie os ha invitado ni os asiste derecho alguno a disfrutar de mi espectáculo.
He decidido apagar la luz para que los francovisualizadores no puedan verme mover por la habitación. Ni siquiera creo que sean capaces de intuir la dirección de mis pasos, eso no les preocupa. Creo que no voy a ir a por el pijama. Voy a mandar un mensaje a la humanidad de este barrio, de noche, ahora. Sin darme cuenta, me noto a mí mismo corriendo hacia la ventana, con ímpetu desconocido. Tropiezo con una botella de vino español en el suelo. Y me caigo. Es la puta oscuridad la que me hace esto. Son mis vecinos los causantes. Me levanto, enfurecido, creo, hacia la luz que se cuela por mi odiado ventanuco. Trato de pensar cómo actuarían estos humanos preocupados en mi situación. Creo que gritarían enfadados y se acordarían de viejos parientes. Ya delante de la ventana decido no gritar. Los miro pero, a oscuras, ellos no me ven, aunque siguen mirando, por si acaso descubrieran alguna nueva barbaridad.
Ahora soy consciente de que ni siquiera he llegado a despreciarlos nunca. ¡Pobres!
Sigo con la luz apagada. Creo que, posiblemente, éste sea el mejor momento del día. Caminar desnudo en la noche, bajo el techo de yeso a medio desprender de la alcoba, sin más preocupación que encontrar el pijama de raso. Cuatro pasos y llego al armario, sin pérdida. Hoy superaré el cupo diario de pasos nocturnos, aunque no me preocupa en exceso.
Desde que me he quitado los calcetines, al comienzo de esta tragicomedia inventada --y es que sigo teniendo la sensación de estar olvidando algunos detalles-- he andado descalzo por la habitación, de la cama al espejo y del espejo al armario. Normalmente tardo en encontrar el pijama un par de minutos. Primero, lo estiro contra mi cuerpo y luego lo agito en el aire con los brazos por fuera del ventanuco en movimientos contra el alcanfor del armario. Y me lo pongo. No me gusta abrocharme la camisa del pijama: Quiero ser libre de noche. Al menos intentarlo. Al menos de noche. Este es un claro ejemplo de uno de esos pensamientos naïve que me ayudan a conciliar el sueño. ¡Qué naïve! Naïve por ingenuo y genial, pero ya no soy un niño. Ahora, éste es un claro ejemplo de uno de esos pensamientos que me arrancan del sueño. De repente, un pensamiento naïve y duermo. De repente también un pensamiento contaminado por lo real y despierto triste. El frío está siendo la principal causa de mi agitación en las últimas semanas.
Vuelvo para cerrar el armario. Bebo un trago de vino, directamente de la botella, como en verano. Luego camino de vuelta hacia la cama. De nuevo, la distancia de cuatro pasos cortos. En total, veinte pasos todas las noches, descalzo, por la alcoba, antes de acostarme. Cinco trayectos rutinarios e imprescindibles. De la cama al espejo, del espejo al armario, del armario al ventanuco, otra vez al armario y del armario a la cama. Cinco trayectos de cuatro pasos. El suelo siempre está frío. En verano, frío. En invierno, más frío.
Antes de entrar en la cama me limpio los pies con las manos, tengo que quitarme todo el polvo y los pizcos adheridos a las plantas de mis pies en los veinte pasos anteriores. Aunque logro deshacerme de los residuos más contundentes, mis pies siempre se quedan negros por la noche. Negros, pero limpios. Y me meto en la cama. Intentaré dormir sin interrupción hasta las siete.
No miren ustedes por sus ventanas en busca de determinados objetos en determinadas circunstancias porque corren ustedes el riesgo de encontrar lo que buscan, y, entonces, hipócritamente ustedes denunciarán lo que han visto: ese espectáculo indecente y abominable de seres actuando de forma reprochablemente racional. Visiones y experiencias terribles.
Algún vecino se ha quejado alguna vez de la duración de la operación hacia mi desnudez; dicen que les molesta la luz. Tonterías de vieja, estoy convencido de que duermen como cochinos a pesar de la luz artificial desde la bombilla de cuarenta vatios que llena mi chambre, como decimos en Francia. No estoy dispuesto a ceder a sus pretensiones. Son ellos, y vosotros, que me rodeáis todos, sucios y aburridos, los que no deberíais intentar respirar la luz de mi bombilla. Nadie os ha invitado ni os asiste derecho alguno a disfrutar de mi espectáculo.
He decidido apagar la luz para que los francovisualizadores no puedan verme mover por la habitación. Ni siquiera creo que sean capaces de intuir la dirección de mis pasos, eso no les preocupa. Creo que no voy a ir a por el pijama. Voy a mandar un mensaje a la humanidad de este barrio, de noche, ahora. Sin darme cuenta, me noto a mí mismo corriendo hacia la ventana, con ímpetu desconocido. Tropiezo con una botella de vino español en el suelo. Y me caigo. Es la puta oscuridad la que me hace esto. Son mis vecinos los causantes. Me levanto, enfurecido, creo, hacia la luz que se cuela por mi odiado ventanuco. Trato de pensar cómo actuarían estos humanos preocupados en mi situación. Creo que gritarían enfadados y se acordarían de viejos parientes. Ya delante de la ventana decido no gritar. Los miro pero, a oscuras, ellos no me ven, aunque siguen mirando, por si acaso descubrieran alguna nueva barbaridad.
Ahora soy consciente de que ni siquiera he llegado a despreciarlos nunca. ¡Pobres!
Sigo con la luz apagada. Creo que, posiblemente, éste sea el mejor momento del día. Caminar desnudo en la noche, bajo el techo de yeso a medio desprender de la alcoba, sin más preocupación que encontrar el pijama de raso. Cuatro pasos y llego al armario, sin pérdida. Hoy superaré el cupo diario de pasos nocturnos, aunque no me preocupa en exceso.
Desde que me he quitado los calcetines, al comienzo de esta tragicomedia inventada --y es que sigo teniendo la sensación de estar olvidando algunos detalles-- he andado descalzo por la habitación, de la cama al espejo y del espejo al armario. Normalmente tardo en encontrar el pijama un par de minutos. Primero, lo estiro contra mi cuerpo y luego lo agito en el aire con los brazos por fuera del ventanuco en movimientos contra el alcanfor del armario. Y me lo pongo. No me gusta abrocharme la camisa del pijama: Quiero ser libre de noche. Al menos intentarlo. Al menos de noche. Este es un claro ejemplo de uno de esos pensamientos naïve que me ayudan a conciliar el sueño. ¡Qué naïve! Naïve por ingenuo y genial, pero ya no soy un niño. Ahora, éste es un claro ejemplo de uno de esos pensamientos que me arrancan del sueño. De repente, un pensamiento naïve y duermo. De repente también un pensamiento contaminado por lo real y despierto triste. El frío está siendo la principal causa de mi agitación en las últimas semanas.
Vuelvo para cerrar el armario. Bebo un trago de vino, directamente de la botella, como en verano. Luego camino de vuelta hacia la cama. De nuevo, la distancia de cuatro pasos cortos. En total, veinte pasos todas las noches, descalzo, por la alcoba, antes de acostarme. Cinco trayectos rutinarios e imprescindibles. De la cama al espejo, del espejo al armario, del armario al ventanuco, otra vez al armario y del armario a la cama. Cinco trayectos de cuatro pasos. El suelo siempre está frío. En verano, frío. En invierno, más frío.
Antes de entrar en la cama me limpio los pies con las manos, tengo que quitarme todo el polvo y los pizcos adheridos a las plantas de mis pies en los veinte pasos anteriores. Aunque logro deshacerme de los residuos más contundentes, mis pies siempre se quedan negros por la noche. Negros, pero limpios. Y me meto en la cama. Intentaré dormir sin interrupción hasta las siete.
en la alcoba.- primera parte
El suelo está más frío que ayer por la noche. No recuerdo haber sentido el suelo tan frío al acostarme. Sí recuerdo sentarme sobre la cama, vestido y abrigado. El frío ha sido la principal causa de mi falta de inspiración estos últimos meses.
Me había desenfundado el chaquetón de tejido sintético, heredado de un pariente insípido, que, hecho una bola, lancé hacia la silla junto al ventanuco de la habitación.
Desde niño siempre me he desvestido de acuerdo al método que me enseñara mi madre. ¡Un movimiento rápido! y el pantalón ya estaba afuera, yaciendo arrugado a los pies de la cama. La imagen es patética: Yo dentro de unos de mis calzoncillos blancos, arropado por unos de los pares de calcetines de hilo rojo de Escocia, y dignificado aparentemente bajo cualquiera de mis camisas grisáceas o verduscas, como militares, abotonadas hasta el cuello.
Prendas deshidratadas, desteñidas y deshumanizadas con los años y, sobre todo, por la colada de la señora Manuela, siempre expedita y contenta entre las ropas y jabones de todo el vecindario. Luego hablaremos de esta señora Manuela.
Los calzoncillos, tan ridículos y útiles como siempre, salen cuidadosamente, rozándome las piernas sin pelo hasta los tobillos. Siempre me ha gustado dejar preparada la ropa interior para el día siguiente después de quitármela por la noche. Por la mañana, la sensación de limpieza me ayuda a ver el día algo más luminoso y halagüeño. Doblo los calzoncillos en una operación meticulosa que consiste en tres pliegos perpendiculares. Los dejo a mi lado, siempre por la izquierda, alejados de la almohada. Después de los calzoncillos: uno de esos pares rojos de calcetines perennes, mi prenda más valiosa y preciada. Aunque, sinceramente, nunca logro recordar dónde los compro. Los mando a la colada de Manuela, cada tres días de uso.
Apareo los calcetines todavía frescos, o más bien húmedos. Los doblo hacia adentro, en un paquetito inseparable y cómodo. Los tomo junto a los calzoncillos y los dejo sobre una mesilla de noche barnizada con betún que todavía apesta la habitación los días en que hay humedad.
Ya soy libre de cintura hacia abajo. Brisa de luz de calle entra por el ventanuco y me alivia y me limpia de sudores, ahora ya fríos.
Abotonadas hasta el cuello, las camisas son la parte más odiada de todo el proceso hacia la desnudez. No consigo desabotonar el cierre del cuello a la primera. Como todas las noches que me desvisto para dormir, termino levantándome y camino hasta el espejo alicatado en la pared, junto al lavabo, aquí, en la misma habitación, donde duermo, leo, escribo y cocino desde hace más de una década. Pero el espejo es difícil para mí. Un movimiento hacia la derecha significa la realidad hacia la izquierda. Desabrochado el botón de la izquierda especular, la decepción viene de la mano de la conciencia de haber desabrochado el de la derecha. Además, a la inversa también sucede. De vuelta a por el botón izquierdo, un infierno para un diestro cerrado. Parece un milagro conseguir descamisarme cada noche frente al espejo. Y por ello doy gracias a dios. Aunque de dios hablaremos después, junto a la señora Manuela. Dejo la camisa en cualquier parte, casi siempre en el suelo.
El siguiente paso es ir a buscar el pijama: magnífica prenda en dos piezas, de raso negro, que contrasta violentamente con el paisaje agreste donde vivo. Tengo que recorrer los cuatro pasos del largo de la habitación hasta llegar al armario. Abro la puerta de dos hojas. A la izquierda: latas de conserva, pan de molde y botellas de vino; a la derecha: cuatro camisas zurcidas por la santa Manuela, calzoncillos, calcetines de hilo rojo de Escocia y las perchas vacías para el pantalón y el chambergo de tejido sintético.
Me había desenfundado el chaquetón de tejido sintético, heredado de un pariente insípido, que, hecho una bola, lancé hacia la silla junto al ventanuco de la habitación.
Desde niño siempre me he desvestido de acuerdo al método que me enseñara mi madre. ¡Un movimiento rápido! y el pantalón ya estaba afuera, yaciendo arrugado a los pies de la cama. La imagen es patética: Yo dentro de unos de mis calzoncillos blancos, arropado por unos de los pares de calcetines de hilo rojo de Escocia, y dignificado aparentemente bajo cualquiera de mis camisas grisáceas o verduscas, como militares, abotonadas hasta el cuello.
Prendas deshidratadas, desteñidas y deshumanizadas con los años y, sobre todo, por la colada de la señora Manuela, siempre expedita y contenta entre las ropas y jabones de todo el vecindario. Luego hablaremos de esta señora Manuela.
Los calzoncillos, tan ridículos y útiles como siempre, salen cuidadosamente, rozándome las piernas sin pelo hasta los tobillos. Siempre me ha gustado dejar preparada la ropa interior para el día siguiente después de quitármela por la noche. Por la mañana, la sensación de limpieza me ayuda a ver el día algo más luminoso y halagüeño. Doblo los calzoncillos en una operación meticulosa que consiste en tres pliegos perpendiculares. Los dejo a mi lado, siempre por la izquierda, alejados de la almohada. Después de los calzoncillos: uno de esos pares rojos de calcetines perennes, mi prenda más valiosa y preciada. Aunque, sinceramente, nunca logro recordar dónde los compro. Los mando a la colada de Manuela, cada tres días de uso.
Apareo los calcetines todavía frescos, o más bien húmedos. Los doblo hacia adentro, en un paquetito inseparable y cómodo. Los tomo junto a los calzoncillos y los dejo sobre una mesilla de noche barnizada con betún que todavía apesta la habitación los días en que hay humedad.
Ya soy libre de cintura hacia abajo. Brisa de luz de calle entra por el ventanuco y me alivia y me limpia de sudores, ahora ya fríos.
Abotonadas hasta el cuello, las camisas son la parte más odiada de todo el proceso hacia la desnudez. No consigo desabotonar el cierre del cuello a la primera. Como todas las noches que me desvisto para dormir, termino levantándome y camino hasta el espejo alicatado en la pared, junto al lavabo, aquí, en la misma habitación, donde duermo, leo, escribo y cocino desde hace más de una década. Pero el espejo es difícil para mí. Un movimiento hacia la derecha significa la realidad hacia la izquierda. Desabrochado el botón de la izquierda especular, la decepción viene de la mano de la conciencia de haber desabrochado el de la derecha. Además, a la inversa también sucede. De vuelta a por el botón izquierdo, un infierno para un diestro cerrado. Parece un milagro conseguir descamisarme cada noche frente al espejo. Y por ello doy gracias a dios. Aunque de dios hablaremos después, junto a la señora Manuela. Dejo la camisa en cualquier parte, casi siempre en el suelo.
El siguiente paso es ir a buscar el pijama: magnífica prenda en dos piezas, de raso negro, que contrasta violentamente con el paisaje agreste donde vivo. Tengo que recorrer los cuatro pasos del largo de la habitación hasta llegar al armario. Abro la puerta de dos hojas. A la izquierda: latas de conserva, pan de molde y botellas de vino; a la derecha: cuatro camisas zurcidas por la santa Manuela, calzoncillos, calcetines de hilo rojo de Escocia y las perchas vacías para el pantalón y el chambergo de tejido sintético.
lunes, mayo 15, 2006
Parapenaeus longirostris
cuando eres un minúsculo ser de las fosas oceánicas,
y tu vida es una amenaza constante
y el más nimio gesto, en la oscuridad
supondría el ataque encarnizado de otro ser aburrido y a medio vivir,
entonces,
puedes nadar libre
muy libre y despreocupado
porque no tienes nada que perder, tu muerte se da por supuesta,
y puedes disfrutrar del agua que te acaricia todo
y los rayos de luz escasos que se cuelan y te saludan, tímidos
porque no eres nadie allá abajo, y
tiene sus ventajas.
y tu vida es una amenaza constante
y el más nimio gesto, en la oscuridad
supondría el ataque encarnizado de otro ser aburrido y a medio vivir,
entonces,
puedes nadar libre
muy libre y despreocupado
porque no tienes nada que perder, tu muerte se da por supuesta,
y puedes disfrutrar del agua que te acaricia todo
y los rayos de luz escasos que se cuelan y te saludan, tímidos
porque no eres nadie allá abajo, y
tiene sus ventajas.
jueves, mayo 11, 2006
cuestión de números
prostitución titulada

La organización me presiona y me oprime.
Quiere mis jugos craneales y succionar mis generadores
No me quieren, no me piensan, no les intereso.
Sólo juegan al mayor productor.
Yo no puedo resistir.
Me doblego a pretensiones indecentes
y chirrían mis mandíbulas golpeadas contra el suelo.
Sangro y gano dinero.
Soy un productor de recursos.
Prostituido.
martes, mayo 09, 2006
duda metódica
jueves, abril 27, 2006
dígame... me oye?


A: disculpe, señor, ¿no habrá visto usted mi sombrero? sí. sí, señor, era un sombrero negro sobre fondo blanco, sobre lienzo más bien. ala ancha, un sombrero clásico, señor. con un perímetro de terciopelo que rodea y culmina con un lazo. me lo he puesto hace un rato y ya no lo veo... ¿podría usted ayudarme, por dios?
B: perdone, me puede repetir. no me di cuenta de que me hablaba. leía el periódico [embebido suponemos) ¿ha visto usted los titulares del periódico de hoy?
martes, abril 25, 2006
miércoles, abril 19, 2006
conversaciones de té
Espiando conversaciones entre apuntes deliciosos y canciones.

El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.
El reloj no existe en las horas felices.
En la Guía de Telefóno todos somos microscópicos.
Prefiero las máquinas de escribir usadas porque tienen experiencia y ortografía.
Me gusta más que desayunar, olerte, ...
Cada caricia es un gran Hotel.
Cuando estoy cansado de hablar, me siento a comer pétalos de flor.
Todo lo que dije, lo dijo alguien.
martes, abril 11, 2006
jueves, abril 06, 2006
Aprendiendo idiomas
The New Pornographers
I leapt across three or four beds into your arms Where I had hidden myself somewhere in your charm Nada Our golden handshake has been smashed into this shape.It's taken magic to a primitive new placeWatch 'em run, although it's the minimum, heroic We hunched together in one chair out on the deck In snow that froze and fell down on the modern setIt looked as if I picked your name out of a hat es Next thing you know you are asleep in someone's lapWatch 'em run, although it's the minimum, heroicWe quit the roomQuit so our thoughts could rest Rest them, I'll never move?That's when we grab a hold lo Of whatever it is we fell into que Lousy with your content With what the majestic cannot find parece In business of your lives The perception, it is wrong, mile after mile The phantom taste drinking wine ser from your heels We have arrived too late to play the bleeding heart show.
I leapt across three or four beds into your arms Where I had hidden myself somewhere in your charm Nada Our golden handshake has been smashed into this shape.It's taken magic to a primitive new placeWatch 'em run, although it's the minimum, heroic We hunched together in one chair out on the deck In snow that froze and fell down on the modern setIt looked as if I picked your name out of a hat es Next thing you know you are asleep in someone's lapWatch 'em run, although it's the minimum, heroicWe quit the roomQuit so our thoughts could rest Rest them, I'll never move?That's when we grab a hold lo Of whatever it is we fell into que Lousy with your content With what the majestic cannot find parece In business of your lives The perception, it is wrong, mile after mile The phantom taste drinking wine ser from your heels We have arrived too late to play the bleeding heart show.
miércoles, abril 05, 2006
puzzled-life
lunes, abril 03, 2006
adios a dios
dios, si estás aquí, procura no manifestarte, mucho menos hacerte visible, y de ninguna manera volver a aparecer como hombre entre nosotros.
mi gran depresión
llueve, hace calor y me deprimo
sudo, me deprimo y lloro
y ¿a quién le importa?
gracias a dios
a nadie.
Amarillo y Naranja
Cine
viernes, marzo 31, 2006
jueves, marzo 30, 2006
1911, viena, austria
circo internacional del fin del mundo, presenta, orgulloso, la primera muestra de desdoblamiento de personalidad. tan normal, tan cotidiano: "mis seis yos", todos iguales, todos diferentes, pero, en realidad, nunca yo. nunca yo porque yo no soy una pintura. solo yo soy yo y solo yo me conozco y me reconozco, diferente en cada momento. siempre yo ante yo mismo.
circo internacional se enorguellece de poder ofrecerles semejante espectáculo al módico precio de 5 chelines austriacos.
¡pasen y vean!
circo internacional se enorguellece de poder ofrecerles semejante espectáculo al módico precio de 5 chelines austriacos.
¡pasen y vean!
sorel en el circo. viena, austria. 1911.
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